24 abr 2011

Con Alberto “Negro” Chiriff Conti, Profesor de Música y Compositor

“Mi cédula de identidad sonora es el ruido del Parque Solari”
Alberto Daniel “Negro” Chiriff (38) es poseedor de una peculiar veta artística, que lo imprime en una filosofía propia de concebir a la creatividad y la vida misma.
Su hermano Néstor “Perico” es Director de Teatro y su hermana menor Magalí – según sus propias palabras – “si bien no se ha dedicado al arte… hace de su vida
un arte… ésta última cobra vida, cuando dejamos algo,  sino es un simple entretenimiento” argumentó
nuestro protagonista – agregando que “si solamente
una persona logra conmoverse con nuestra creación, estamos hablando de arte.”
Le encantaba de niño hacer mandados a los ocho años, porque aprovechaba el trayecto hacia el almacén para inventar historias, entre las cuales surgía un super héroe.
Imaginaba ser dueño de un grupo musical y escribía canciones (tan simples como puede escribir un niño de ocho años) o iba relatando partidos de fútbol.
“Hoy si tengo que escribir para teatro, me viene muy bien subirme a un ómnibus y allí me pierdo”.
Está por estrenar junto a un grupo de amigos una nueva banda que se denominará “La Sonora Mondonguera” que dará a conocer antiguas canciones de su autoría, que aún permanecen en el anonimato.
- ¿Dónde se crió?
- “Nací en el barrio Huracán (Beltrán y Cervantes)…en esa época vivíamos con un tío, su familia y nuestra abuela.
Luego nos mudamos al Parque Solari y allí realmente me encuentro con mi infancia y adolescencia… esas etapas fueron espectacularmente arrulladas por el viento del parque Solari… mi aroma es el de los eucaliptos y las palomas… el placer, remontar pandorgas y jugar al fútbol dentro del parque.
Mi abuelo era cuidador allí y solíamos ir a comer pitangas.
En la época liceal el parque era el lugar obligado para hacer novio.
- ¿Cuándo fue que logró plasmar todas esas sensaciones, aromas y vivencias en sus obras, tanto en la música como en el teatro?
-“Eso sale, aunque no nos demos cuenta…  traemos un bagaje de cuestiones artísticas… he escrito canciones que hablan del parque, de algún amor o de los perfumes”.
“SIEMPRE FUIMOS UNA BARRA MUY INQUIETA EN DOS COSAS: LO ARTÍSTICO Y FUTBOLÍSTICO”
- Pongámosle edad y nombre a esa línea de su vida…
- “Y… con la murga a los catorce años con Los Graduados del Jodicen… en esos momentos éramos todos estudiantes del Liceo Zona Este, y muy críticos de la gestión del CODICEN.
Así comenzamos y luego el grupo derivó en la murga “La Nueva”… siempre fuimos una barra muy inquieta en dos cosas, en lo artístico y futbolístico.
Cada uno por su lado nos fuimos formando… algunos estudiaron teatro, otros música, teatro, parte se dedicó a escribir… de grandes seguimos juntos.
En las reuniones con los amigos se aprende mucho… por ejemplo cuando me reúno a comer un asado con Juanito Conte o Diego Santurio (artistas plásticos).
Nos cuestionamos generalmente qué estamos haciendo con nuestro arte frente a la sociedad, si la llevamos adelante o la empujamos hacia atrás.
Luego nos vamos rumiando muchas ideas… siempre considero que se aprende mucho más fuera del aula de música que adentro.
Aquello del Profesor ya fue… si vos crees que un docente te va a enseñar en cualquier rama del arte, estamos fritos.
Sólo podemos transmitir una pequeña parte, sobre todo con información… en el grupo hay personas de teatro, escritores, músicos, bailarines, plásticos y otras disciplinas y ello se transforma en una fuente enriquecedora.
Lo importante es que nos apoyamos entre nosotros, si bien no hay un movimiento formal.
Si bien no nos ven continuamente produciendo, se destaca los frutos”.
- ¿En qué momento llevó al teatro su primera obra?
- “Fue alrededor del 2002, una obra que se llamó El Línea Cinco… era la primera vez que poníamos en escena la obra de un autor local, cosa que acontecía en los años 60”.
Con esa obra obtuvo Primer Premio en la capital del país en el Encuentro de Teatro Joven.
Señala que Salto ha perdido la cultura teatral a nivel de cantidad de gente.
“El artista debe tener una ética, que pasa por responder a su sociedad… no puedo cantar bossa nova, música jazz o hindú y no interpretar lo que nos pertenece… el artista se debe a su comunidad.
Ojo… a no comerse el verso de la globalización… es cierto que en mi caso me ha permitido descubrir músicas en el mundo, una posibilidad impensable hace diez años.
Estoy por ejemplo, conectado con músicos norteamericanos y siento la obligación de reflejarles mi música, de lo contrario soy un hombre sin lugar…. sin identidad… los artistas tenemos una obligación con la comunidad y es lo que les inculco a mis alumnos”.
SU GESTIÓN COMO COLABORADOR EN EL ÁREA DE CULTURA DE LA INTENDENCIA
Durante cinco años, a partir de julio del 2005 formó parte del equipo de cultura en la Intendencia Municipal de Salto.
“Nuestro mayor interés fue el de generar un camino  de seriedad y responsabilidad en la gestión, manejando diferentes saberes.
Propusimos sentar las bases de lo que debe ser una gestión moderna de la cultura, no dependiendo de la voluntad de una persona, sino de criterios”.
- ¿Y se siente conforme con lo que se hizo?
- “Totalmente. Quedó un documento y un montón de emprendimientos desarrollados.
Existe en Salto un concepto de que cultura es lo referido exclusivamente a lo artístico.
Creo que nosotros lo ampliamos… trabajamos mucho en los barrios y en el interior, valorando las capacidades de allí.
Tan importante es un grupo de teatro de Salto, como un alambrador de Colonia 18 de Julio, culturalmente tienen la misma importancia.
Creo que ello forma parte de un gran cambio.
El tema que esas cosas no se ven… no salen publicadas en los medios”
- ¿Ha realizado obras en conjunto con su hermano?
- “Sí… teatro. Lo bueno es que manejamos disciplinas distintas…soy músico y el es hombre de teatro… así que nos complementamos muy bien.
Con la murga también funcionamos en dupla”.
Fue sorprendido en el 2001 por un serio problema de salud, el 15 de febrero de ese año, un accidente cerebro vascular que le dejó secuelas.
“Vivía al palo y no me cuidaba… aprendí que hay que ir un poco más despacio.
Ya hace diez años de ese incidente que me transformó en un hombre diferente. En aquella época integraba el grupo Matices con el que fui a Cosquín dos años.
Tuvimos la oportunidad de estar en ese escenario, una experiencia que me movilizó.
Estudiaba guitarra en la Universidad y daba clases en el conservatorio entre otras muchas actividades.
- ¿Cuánto le llevó la recuperación?
“Y no…no terminas de recuperarte… cuando se acerca la fecha siempre me agarra un bajón, porque no puedo tocar más la guitarra… me dedico a otros instrumentos.
Hay que procurar otras alternativas dentro de lo que sabemos hacer… debemos reconocer en primer lugar para qué estamos en la vida.
Trato de buscar un equilibrio entre lo que me tengo que cuidar y entre lo que quiero vivir”.
Está casado con María Laura Massa (psicóloga) con quien tiene un hijo Lautaro, de siete años.
Dentro de sus máximas aspiraciones, está el de ser un buen padre y de que sus creaciones continúen aportando culturalmente a la sociedad.
Siente que el mote de “Negro” en su caso surge desde el cariño que se generó en el barrio y tiene planificar su próximo onomástico en compañía de sus amigos, a diez años de haber vuelto a vivir.
Hoy por: María Fernanda Ferreira

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